Arte y Espiritualidad

 

 


Vivir la cadena de amor, vida cristiana en plenitud.

Cuantos hemos sido llamados por la misericordia divina a formar parte de la Familia de la Cruz, tenemos a nuestro alcance una forma peculiar de vivir nuestra unión con Cristo Sacerdote y Víctima, en su oblación redentora. Es la llamada Cadena de Amor que muchos hermanos nuestros han vivido, comenzando por la venerable sierva de Dios, Concepción Cabrera de Armida. Aquí pretendemos dar a conocer esta riqueza, de la cual podemos beneficiarnos, si adquirimos su mística y los medios que la realizan.
La Cadena de Amor puede considerarse como una forma madura de vivir el sacerdocio bautismal. En este sentido está abierta a todos los miembros de la Iglesia en su tendencia a la plenitud cristiana.
Sin embargo, puede considerarse en un sentido más estricto, dentro del ámbito de la familia espiritual de la misma señora Cabrera, especialmente a las personas que hayan ingresado en la obra de la Cruz. Quienes pertenecen a dichas Obras, encuentran en la Cadena de Amor la forma peculiar de vivir el espíritu propio.

Te doy una nueva vida, es la vida de tu Jesús.

La mejor comprensión de esta vivencia se logra volviendo a las fuentes de su primitiva inspiración. Concepción Cabrera de Armida trata expresamente del asunto en su Cuenta de Conciencia, a partir del día 27 de marzo de 1906. Apenas dos días antes, había recibido la gracia central de su vida llamada encarnación mística. Este hecho es trascendental y explica el porqué de la Cadena de Amor. Conchita alude a ese favor con palabras inspiradas por el mismo Jesús:

«[El hecho de] encarnar, vivir y crecer en tu alma, sin salir de ella jamás; poseerte Yo y poseerme tú como en una misma substancia, no dándome sin embargo tú la vida, sino Yo a tu alma, en una compenetración que no puedes entender, ésta es la gracia de las gracias» (CC 22, 172-173).

Con toda verdad podía decir con san Pablo: «vivo, pero no yo; sino que es Cristo quien vive en mí» [Ga 2, 20]; o también: «para mí la vida es Cristo» [Flp 1, 21]. A efecto de la encarnación mística comenzó a experimentar una «nueva vida» y «un amor inmenso» (CC 22, 175. 193-194), cuya primera manifestación fue precisamente la práctica de la Cadena de Amor.

Mira vas a hacer una cadena de amor .

Concepción Cabrera de Armida se sintió impulsada a reproducir en sí misma la vida de Jesús «con amor, con sacrificios y sin interrupción» (CC 22, 204).

Cada hora de su vida sería, pues, como un eslabón de oro engastado de piedras preciosas. Según ella, el oro simboliza la virtud de la caridad, y las piedras preciosas, todas las demás virtudes. La intención de Conchita fue unirse a la Cadena de Amor comenzada por el Verbo Encarnado, continuada por su madre María y prolongada a través de los siglos por el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia.
En esta experiencia no se puede prescindir de la presencia y la ejemplaridad de María, madre del Verbo encarnado.

Millones de almas que vengan a engrosar esa cadena de oro.

La venerable sierva de Dios, con la debida autorización de su director espiritual, inició esta práctica el 28 de marzo de 1906: «Comience ya esa cadena, y que, por una fidelidad finísima, no termine sino hasta la muerte» (CC 22, 261); sintió también la inspiración de hacer participar a toda su descendencia espiritual en la formación de una sola Cadena de Amor.

Según lo dicho, las Obras de la Cruz, especialmente, deberán continuar la Cadena hasta el fin de los siglos, uniéndose a las mismas intenciones del Redentor, es decir, la gloria del Padre en la salvación de los hombres.

Cada hora de nuestra vida por amor.

Fundamentada brevemente la Cadena de Amor en su contexto de historia de salvación, podemos atender ahora a su dinámica existencial y a los medios para realizarla.
El mismo nombre es sugestivo. Así lo explica la señora Cabrera: Consiste esta Cadena en eslabonar los actos de virtudes que se ejecuten cada hora de nuestra vida por amor, y con pureza de intención, sin cortarse hasta la muerte. (Libro Cadena de Amor Divino..., p. 9).

Yo quiero llenar esas horas benditas, horas de oro, como dice el Señor, de veras de purísimos actos de amor, de sacrificios, de caridad con el prójimo, de olvido propio, de cuidado y solicitud por las almas (CC 22, 261-262).

Por amor es lo esencial. Que nuestra existencia llegue a ser una vida de amor a imitación de nuestro Maestro Jesús. Como Él mismo dijo: «Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos» [Jn 15, 13]. Este es el aspecto que se destaca en la Espiritualidad de la Cruz, el amor oblativo de Cristo Sacerdote y Víctima.
Cada fiel, según el estado propio de vida, tiene innumerables ocasiones de hacer efectivo ese amor de donación, expresado en una gama amplísima de virtudes. Uno de los lemas de nuestra espiritualidad subraya tres virtudes, y son: amor, pureza y sacrificio. Quien toma esas tres actitudes está capacitado para el ejercicio de muchas otras virtudes:

Ofréceme y ofrécete a cada instante al Divino Padre.

Todas las horas del día y de la noche forman parte integrante de la Cadena, con tal que sean vividas por amor. Sin embargo, algunas horas tienen especial significación:
Así la hora por excelencia es la de la Santa Misa. Como explica el Concilio Vaticano II, «participando del sacrificio eucarístico, fuente y cima de toda vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos juntamente con ella» (Vaticano II, Lumen Gentium, 11). Es la acción sagrada en que la Cadena de Amor encuentra su fuente y culmen.
b) Como una prolongación de la Eucaristía, debemos señalar la visita al Santísimo Sacramento.
c) En realidad todas las horas, hechas con espíritu cristiano, entran a formar parte de dicha Cadena. Así las «obras, preces y proyectos apostólicos, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso del alma y del cuerpo, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida si se sufren pacientemente, se convierten en hostias espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo» (LG, 34).

Y hablando de la «Iglesia doméstica», es decir de la familia cristiana, cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos (Catecismo de la Iglesia Católica n. 350).

Algunos han ideado un examen sobre esta vivencia de las horas de la Cadena de Amor. El primero que lo realizó gráficamente fue el padre Félix de Jesús Rougier, por medio de su Calendario espiritual (1920), para uso exclusivo de los Misioneros del Espíritu Santo, pero hecho extensivo  a todos los fieles en 1922 (Cf. Cadena de Amor, 2a ed.)
De alguna manera hemos de examinar nuestra conducta, acerca del mandamiento principal del amor, sintetizado en hechos concretos. Su finalidad es la formación gradual en el espíritu de las Obras de la Cruz, por la práctica de las virtudes.

Al final de sus ejercicios espirituales de 1924, sobre la encarnación mística, Conchita dejó escrito, en clave de Cadena de Amor, su testamento espiritual, como se lee a continuación:

No moriré del todo.
Moriré: no podré ya sufrir
Me faltarán las fuerzas para postrarme al pie del Sagrario.
Mi corazón dejará ya de latir.
Pero, qué consolador será para mí pensar que, sobre la tierra, quedarán labios que en mi nombre continuarán alabando a Dios.
Corazones, que en mi nombre sigan latiendo de amor por Jesús.
Hostias vivas, que en mi nombre sigan elevando al cielo el perfume divino de la sangre.
¡Son mi sangre!, y en ellos continuaré sufriendo, como continuaré amando!
¡No moriré del todo, hijos míos, me sobreviviré en vosotros!
La inmortalidad de Dios, es decir, la perfecta transformación en Él, la consumación en la Unidad, esto es inefable, de ello hablaremos en el cielo. Amén (CC 44, 174B-176B. 3 de enero de 1924).

Conclusión.

Son muchas las «ventajas de la práctica de la Cadena de Amor». Podemos señalar cuatro principales.

1. Es una forma de vivir prácticamente nuestro sacerdocio bautismal, las veinticuatro horas del día, en unión con Cristo Sacerdote y Víctima y con María, Madre del Sumo Sacerdote.
2. Ayuda notablemente al crecimiento de las virtudes, sobre todo del amor a Dios y al prójimo.
3. Da un nuevo sentido a la vivencia de las realidades terrestres, impregnándolas del espíritu evangélico de la Cruz.
4. Y por último, nos une a la acción litúrgica de la Iglesia, sobre todo a la Eucaristía. Así, quienes estamos continuando la Cadena de Amor en la Familia de la Cruz, elevamos a Dios un himno de alabanza y de acción de gracias y, al mismo tiempo imploramos el auxilio divino, como un eco del grito amoroso y confiado de Conchita Cabrera, que dio origen a las Obras de la Cruz: ¡Jesús Salvador de los hombres, sálvalos, sálvalos!                             

Anexo.

Las 14 reglas de la CADENA DE AMOR y sus prácticas.

1 Trabaja en ser humilde y sacrificado.
Pedir esas virtudes en cada Comunión. Mortificar los sentidos. Gozarse en las pequeñas humillaciones.

2  Sé puro de cuerpo y alma.
Guardar los ojos. Llamar al Espíritu Santo con frecuencia. Procurar la interna unión con Jesús.

3  Trabaja en ser hombre de oración.
Hacer con cuidado la Cadena de Amor. Hacer muchas comuniones espirituales.

4 Ama la vida oculta, escondida en Dios.
(Modestia, ocultamiento, no hablar de sí. Ser sencillo, natural, sin presunción)..

5 Ten cariño a la virtud de pobreza.
Procurar sentir algún efecto de la pobreza. Gozarse en ser despreciado, como Jesús.

6 Olvídate de ti mismo, y piensa sólo en tu Jesús.
No buscar comodidades. No tenerse compasión. Vencernos en la conversación, pereza, repugnancia, etc. No complacernos en lo que hacemos.

7 Ten tu corazón vacío de todo afecto terreno para que lo llene Jesús en su totalidad.Meditar sobre la brevedad de la vida. Pensar en lo transitorio de las criaturas. Sacrificarlo todo a Jesús. Ver a Dios en el trato con los demás.

8 Ama a María e imítala en su obediencia a Dios y a los hombres.
Ver a Dios en quien nos manda. Decir con frecuencia: “¡Señor, qué quieres que haga?” Escuchar al Espíritu Santo y obedecerle.

9 Obra con pureza de intención, bajo la mirada de Jesús.
Ofrecer cada acción a Jesús, Verbo Encarnado. Ver a Dios en el fondo del alma.

10 Tiende sin cesar a todo lo recto y santo.
No dejarse llevar del respeto humano. No obrar nunca por pasión o primer impulso.

11 Templa tu alma para el dolor en todas sus formas.
No huir nunca del dolor. “Todo lo puedo en Él que me conforta”. Pedir el amor a la Cruz. Nunca perder la paz en nuestras penas.

12 Ama a Dios sin interés y abandónate a su voluntad.
Practicar las virtudes por puro amor, sin excluir la esperanza. No medir la altura de tus calvarios. Sé generoso.

13 Corresponde sin esperas y sé fiel a las inspiraciones.
Amar con entusiasmo y mucho fuego. Desear sacrificarnos, ser víctimas, para probar nuestro amor.

14 Vive en Dios y sólo para Dios, muerto a todo lo que no sea Él.
Morir a todo lo creado para vivir en Dios.Nada germina sino en el sufrimiento. Cuando nos busquen a nosotros, que encuentren a Jesús.