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Investigaciones Clío, la musa de la historia.

EL RINCON DE CLIO



 

CARLOS III Y LA EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS EN ESPAÑA Y LAS INDIAS.


Carlos III

Carlos Francisco Vera Soto, M. Sp. S.

Introducción

  1. Familia y formación
  2. El "Motín de Esquilache"
  3. El "Consejo extraordinario"
  4. El trabajo secreto
  5. Las causas de la expulsión
  6. Orden y ejecución de la expulsión
  7. Consecuencias

Conclusión

 

INTRODUCCIÓN

Carlos III de Borbón, rey de España es figura clave para entender la supresión de la Compañía de Jesús en el siglo XVIII. Su largo y estable reinado, fecundo en muchos aspectos, sigue sorprendiendo por este hecho de alcances mundiales, y sólo puede ser entendido al contextualizar la época, la política y la persona del rey, por eso considero importante hacer un breve recorrido en las sucesivas etapas de su vida, desde los antecedentes familiares, la infancia, la formación y principales influjos a lo largo de sus dos largos reinados; el de Nápoles (25 años) y el de España (32 años ), hasta los motivos que le impulsaron a suprimir a los poderosos jesuitas. Presto especial atención al desarrollo de los “Motines de Esquilache” y la formación del Consejo Extraordinario para estudiar sus motivaciones.

 

FAMILIA Y FORMACIÓN

Carlos III de niño
Carlos III de niño

La muerte del último de los Habsburgos españoles, Carlos II en 1700, abre la brecha a una interminable guerra conocida como la “guerra de Sucesión española”; dura 12 años y terminó por dividir la fabulosa herencia del Imperio Español. Por el tratado de Utrecht, Carlos VI Emperador, se quedaba con los  Países Bajos Españoles (actual Bélgica), el ducado de Milán y los reinos de Nápoles y Sicilia.
El trono español será ocupado por Felipe D’Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y de la Infanta de España María Teresa. Toma el nombre de Felipe V y su ascensión al trono no supuso una ruptura en el curso profundo de la vida española, tanto en la anquilosada organización administrativa, como en la religiosidad barroca y poco ilustrada; el mismo anticuado sistema educativo, las mismas costumbres; y no podía cambiar nada sólo por cambiar la dinastía. Poco a poco se implanta un nuevo estilo de gobernar que genera el restablecimiento de la autoridad real, un trabajo más constante de la vetusta maquinaria estatal; se crearon intendencias cuyos funcionarios eran nombrados por la Corte, centralizando así la autoridad. Felipe V contrae matrimonio con María Luisa de Saboya, la cual, después de darle dos hijos varones, muere prematuramente en 1714. En segundas nupcias, escoge a Isabel de Farnesio: Bella, instruida, enérgica y enormemente ambiciosa: Llegará a dominar por completo a su marido. Dio 7 hijos al rey y presintiendo que no podía reinar ninguno en España, dedica todos sus talentos y voluntad a buscar colocación para sus hijos. El predilecto sería siempre Carlos, nacido en Madrid el 20 de enero de 1716. Se educó en las rígidas normas de la Corte española, menos abierta que la francesa, y siempre alejada de la sociedad. Recibió la educación reservada a las personas de sangre real, que era más amplia y menos escolástica de la usual. El Infante tuvo casa propia desde los siete años, teniendo ayos, gentiles hombres, ujieres médicos y demás oficios palatinos. Su niñez se va a desarrollar en un ambiente complejo, mezcla de personajes y nacionalidades diversas; con el claroscuro de grandeza y miseria, de inteligencia e insania.
Luis I, primogénito de Felipe V y hermanastro de Carlos, sube al trono español a los 16 años y 8 meses después muere de la viruela, volviendo Felipe V al trono del que había solemnemente abdicado.
Por largas y complicadas maquinaciones diplomáticas, detrás de las cuales está Isabel Farnesio, el Emperador Carlos VI reconoce a España el derecho a sucesión de Parma y Toscana.

A los 15 años, Carlos partió de Sevilla, no sin la permanente tutela de la correspondencia paterna y de un personal experimentado, encabezado por el Conde de Santiesteban y don Juan Miranda Duque de Losada; un ejercito con experiencia que desde el puerto de Liorna y con la alianza  francesa por el "Pacto de Familia”1, conquistó Nápoles  así se establece el llamado Reino de las Dos Sicilias. Fue coronado en Palermo y asentó su Corte en Nápoles que ofrecía indudables ventajas sobre Sicilia. Aquí va a reinar 25 años y a este tiempo se le puede considerar como su escuela de preparación para el trono español. Sus padres, a los que siempre demostró admirable devoción lo casan con la princesa alemana María Amalia de Sajonia; mujer discreta que le hizo feliz en la esfera doméstica y que llegó a tener ascendencia sobre él.
María Amalia de Sajonia
María Amalia de Sajonia

Tras diversos escarceos diplomáticos, el Papa, con motivo de su matrimonio, le concedió la investidura feudal de Nápoles. Sube al trono con el nombre de Carlos VII.
 El reinado napolitano de Carlos, se caracterizó por sus múltiples reformas: administrativas y urbanísticas. Embelleció la capital con preferencia por las residencias reales.
La experiencia acumulada le fue muy útil ya que los problemas de España tenían semejanza con los problemas del sur de Italia: Retraso económico y cultural, inmobilismo de las clases dominantes, ignorancia de las inferiores, poco aprovechamiento de recursos potenciales, resistencia a los cambios necesarios.2

 

LOS INFLUJOS EN SU PERSONALIDAD Y GOBIERNO


Carlos III
Carlos III contó siempre con personas muy cercanas, desde joven que influyeron en su personalidad; hombres bien preparados, italianos y españoles: Don José de Montealegre, duque de Salas, fue el hombre clave en los primeros años de su reinado napolitano: Éste no era hombre de pensamiento sino de acción; influyó sobre todo el las reorganizaciones administrativas del Estado. De manera general se puede hablar de un influjo libresco, apartado de la realidad, muy del estilo de lo que se impartía en las Universidades y Monasterios.

A crear un ambiente ilustrado contribuyeron Giannbattista Vico (1668-1744), uno de los mayores teóricos de la Filosofía de la Historia; Antonio Genovesi (1712-1769), filósofo de la escuela de Leibniz, interesado en cuestiones económicas y partidario de la independencia del poder civil a pesar de su condición de eclesiástico. Pietro Giannone (1676-1748), autor de la Istoria civile del regno di Napoli, obra notable impregnada de un sentimiento antirromano casi obsesivo. Esa misma hostilidad hacia la curia pontificia, hacia los privilegios clericales y, sobre todo hacia la Compañía de Jesús, se aprecia en Bernardo Tannuci (1698-1783), uno de los hombres que más influyeron en la vida y en los actos de Carlos de Borbón. El acentuado anticlericalismo de estos hombres (compatible con una indiscutible religiosidad) no se explica sólo por las tendencias generales de la Ilustración, sino por las especiales circunstancias que reinaban en el sur de Italia, el excesivo predominio de lo clerical y la vidriosa cuestión de la infeudación a la Santa Sede.

Tanucci era toscano y ocupaba una cátedra en la universidad de Pisa cuando el Gran Duque de Toscana lo recomendó al infante Don Carlos, en calidad de renombrado jurista que podría aconsejarle en las intrincadas cuestiones del derecho Público pendientes con Austria. Carlos lo nombró auditor de cámara, y al acceder al trono Napolitano, ministro de justicia. Su influencia no cesó de crecer en el joven rey; en 1755 asumió la dirección del ministerio de Asuntos Exteriores, y cuando el monarca trocó su reino de Nápoles por el de España e Indias no sólo quedó en Nápoles como miembro del consejo de regencia, sino que fue agente incansable y de máxima confianza que informaba a Carlos III de cuanto ocurría en la corte napolitana, y a la vez servía de correa de transmisión de los deseos del rey de España. Su obra escrita, es decir su pensamiento se encuentra sobre todo en el inmenso epistolario; miles o decenas de miles de cartas dirigidas al rey de España, embajadores, ministros. Nutridísima también la correspondencia que Carlos le escribió.
Bernardo Tanucci
Bernardo Tanucci

Los reformadores ilustrados tenían un anticlericalismo de varias facetas; criticaba a la Iglesia por no creerla a la altura de su misión; rechazo de la religiosidad popular, supersticiosa y superficial; defensa del poder civil contra lo que estimaban intromisión de lo eclesiástico. Los jansenistas auténticos estaban más absortos en los problemas de la gracia, pero otros mal llamados  jansenistas que eran más bien canonistas, formaron una élite que aspiraba a poner límites al excesivo poder temporal de los Papas, a limitar a las órdenes religiosas y veían a la Compañía de Jesús como un obstáculo ya que detentaban toda la educación, especialmente la de la nobleza y alta burguesía; eran confesores de reyes y príncipes e influían en las capas más altas de la sociedad. En no pocos ilustrados el antijesuitismo llegó a ser una obsesión. Tanucci opinaba de ellos: “Una vez entrados en una corte quieren ser los únicos en mandar, y para lograrlo promueven sujetos incapaces y aun viciosos, los cuales necesitan siempre de protección”.3
A nosotros, hombres del siglo XX, nos es difícil penetrar en el ambiente religioso de otras épocas ya que estamos acostumbrados a la secularización. En la España del siglo XVIII no sólo el ateísmo sino el deísmo puro eran prácticamente inexistentes; incluso los personajes, los ministros que han pasado a la historia como volterianos y descreídos, eran ten creyentes como los demás. Por eso es necesario distinguir entre la Iglesia como institución que busca sus intereses temporales y la Iglesia como comunidad de fieles que viven una fe de la que no se quieren apartar. Para entender a Carlos III, tenemos que trasladarnos a ese ambiente. Fue un hombre de su siglo: de firmísima fe y auténtica piedad, emprendió reformas que miraba como indispensables en bien de la propia Iglesia.

Felipe V
Felipe V
Su padre, Felipe V, había tenido enormes dificultades con la Curia Romana y desde niño escuchó los problemas relativos a la Iglesia y su poder temporal. En Nápoles, Tanucci le impregnó de su anticurialismo y le ayudó a tomar conciencia de los conflictos Iglesia / Estado. Su política religiosa se inscribe dentro del llamado regalismo borbónico, mucho más audaz que el de los Austrias. La raíz está en la concepción semidivina del monarca y su derecho y deber de regir la Iglesia en aspectos disciplinares por encargo de Dios y no del Papa.  Carlos III llegó a tener un altísimo concepto de su autoridad regia y a los intereses del Estado supeditó cariño familiar, intereses políticos y eclesiásticos. La expulsión de los jesuitas es considerada “Como la más radical y trascendental decisión del regalismo de Carlos III”.4

Sería también oportuno hablar sobre la relación de Carlos III con la Masonería. Los estudios de Ferrer Benimelis no dejan lugar a duda que en la España del siglo XVIII esta institución fue casi inexistente. Durante el reinado de Carlos  III  hubo sólo dos Logias: una en Gibraltar y otra en Madrid, integradas por extranjeros. Si Carlos pensaba  mal de ella y aun durante su reinado en Nápoles la condenó, era por puros motivos políticos; por tratarse de una sociedad que se reunía sin el permiso de su regia autoridad.5
Carlos Rey de Nápoles
Carlos III Rey de Nápoles

 

EL "MOTÍN DE ESQUILACHE"


El motín de Esquilache
Hemos apuntado que Carlos actuaba como monarca absoluto; su ideología política pues, era el Regalismo; idea política de estatalismo contra cualquier otro poder. Se exageran los derechos de la Corona y se justifica así cualquier intervención. Así lo había ya hecho Campomanes en su tratado de la Regalía de Amortización en 1765, por el que se pretendía amortizar los bienes eclesiásticos; ahí se ponen en evidencia las ideas fundamentales del sistema regalista. Por estos motivos, Carlos estaba convencido que podía actuar, por “razones de Estado” contra lo que se opusiera al “buen gobierno”6

Carlos III sentía aversión a cambiar personas y por eso se explica que conservara a palatinos y servidores cuando llegó de Nápoles. En cuanto al equipo gobernante, la novedad más significativa fue la inclusión de un napolitano de su entera confianza: Leopoldo de Gregorio, marqués de Squillace, como ministro se las secretarías de Hacienda y Guerra,7 cargos de amplias atribuciones que gobernadas por un extranjero que poco o nada sabía de España, suscitó la critica de nobles y plebeyos.
Muy poco había cambiado en el Madrid que Carlos conoció de niño; la ciudad pasaba por ser una de las más sucias y poco urbanizadas de Europa; pronto se emprendieron reformas para adecentarla y embellecerla como ya había hecho en Nápoles.
El primer sexenio de su reinado transcurrió aparentemente satisfactorio. Parecía que no había motivos de queja. Pero al comienzo del año de 1766 se notaba ya un sentimiento soterrado de descontento que explotó al inicio de la Semana Santa de ese año en una seria de motines que abarcaron amplias zonas del reino. Las causas del malestar eran variadas y algunas tenían origen remoto: Aunque ya en tiempos de Carlos III los orígenes extranjeros de la dinastía estaban casi olvidados, un sentimiento antiextranjero había corrido por debajo desde el tiempo de Felipe V. Entre la nobleza española del siglo XVIII se distinguían u oponían dos categorías: los “afrancesados” que vestían, trataban de vivir y pensar a la francesa y la de los “tradicionalistas” que vestían a lo majo y se entretenían con comediantes y toreros.8
Este sentimiento de inconformidad y división era alimentado con la preferencia que el rey  mostró en sus primeros tiempos de gobierno por el personal traído de Nápoles; en especial por Squillace, castellanizado en Esquilache.
Por otro lado, la España del siglo XVIII era una balsa de aceite, las fuerzas de orden público casi eran inexistentes; y no eran necesarias dado el enorme respeto a las leyes y a las personas que las encarnaban. Por eso, el “Motín de Esquilache” sorprendió y alarmó tanto, cuando en realidad no tuvo tanta gravedad.
La imagen tradicional de este motín, era la de una protesta del pueblo de Madrid contra un ministro extranjero que había reglamentado cambios en las capas y sombreros populares.9 Pero un estudio profundo de la protesta popular ha ayudado a aclarar tal suceso: Por ejemplo: se ha registrado que hubo pasquines en 126 lugares; motines en 39 sitios diversos. La extensión y simultaneidad hicieron y han hecho pensar en un plan dirigido por personas que permanecieron en la sombra.
En cuanto a los motivos, se ha visto que, en un pueblo viviendo al límite de la subsistencia, un motivo de honda preocupación era el encarecimiento de los artículos de primera necesidad: Pan, aceite, jabón, tocino.

En el marqués de Esquilache recaían, a ojos del pueblo, estos y otros males. Esquilache estuvo apoyado por el fiscal del Consejo de Castilla, Pedro Rodríguez de Campomanes. La cabeza visible era Esquilache al que se criticaba ser extranjero y no sin razón su lujo y avidez.
La aplicación de la ordenanza sobre capas y sombreros, fue el chispazo que hizo estallar la tensión contenida y que llegó a su cúlmen el domingo de Ramos, 23 de marzo de 1766. La masa popular se dirigió a la mansión de Esquilache y la saqueó (el marqués estaba ausente). Luego se dirigió al palacio real con el deseo de expresar al rey sus peticiones, pero el duque de Arcos, jefe de la Guardia de Corps tranquilizó a los amotinados asegurando que el rey escucharía sus peticiones.
Marqués de Esquilache
Marqués de Esquilache

Al día siguiente, el populacho se volvió a reunir en la plaza del palacio real donde fue agredida por la Guardia Valona (compuesta casi exclusivamente de extranjeros) ante la indiferencia de la Guardia Española. Hubo bajas de las dos partes. Una situación parecida jamás se había producido en la capital de España. El padre Cuenca, un misionero popular, se ofreció como portavoz de las peticiones que en concreto eran:  Destierro de Esquilache; que en adelante sólo hubiera ministros españoles; la extinción de la Guardia Valona; rebaja de los comestibles y supresión de la junta de Abastos; acuartelamiento de la tropa; anulación de órdenes sobre capas y sombreros y finalmente ratificación de las demandas por el rey en persona.
Después de varias consultas a sus allegados Carlos III se resignó a comparecer personalmente, cosa que consideraba una humillación. Salió al balcón, leyeron las peticiones y él iba asintiendo a cada una. El rey se sintió violentado y humillado. Decidió trasladarse esa misma noche a Aranjuez, error político que hizo pensar al pueblo que huía para no cumplir su promesa. A los pocos días se envió un comunicado al rey y este contestó que cumpliría su palabra.
Carlos guardó siempre un profundo resentimiento por estos hechos; en abril, como contagiados por los sucesos de Madrid se registraron muchos motines más a lo largo de toda la geografía española con gran preocupación del rey y sus ministros.
En un primer momento, los cortesanos creyeron que todo se debía a un movimiento incontrolado de la plebe. Luego, reflexionando, empezaron a pensar que estaban ante una conspiración cuyos hilos habían sido manejados por gentes poderosas que buscaban una sublevación total para derrocar al sistema político. Bajo la influencia de Tanucci, Roda, Campomanes 10 y otros, se fueron concretando las sospechas en la Compañía de Jesús. Estos personajes tenían una gran influencia sobre el rey y este había sufrido una conmoción de la que jamás se recuperó.
Las medidas tomadas tuvieron dos direcciones; una contra la masa de incontrolados y maleantes, la otra contra los supuestos inductores, personas de “elevada esfera”, sospechas que se hicieron recaer en los jesuitas.

 

EL "CONSEJO EXTRAORDINARIO"

Conde Aranda
Conde de Aranda

A raíz de los motines de la primavera de 1766, a nadie se lo podía ocurrir la idea de una abdicación real; la huida de Carlos III a Aranjuez fue un gran error y una humillación. Quedó afectado y con una actitud resentida incluso pensó en cambiar la capital del reino a otra ciudad. Según testifican los biógrafos el miedo no lo abandonó jamás.

La represión que se siguió fue sin contemplaciones.  El conde de Aranda, encargado del orden público dio la primera versión del motín; según esta “no hubo otro objetivo ni aún otro pensamiento que la persona del Sr. Squillace y su mujer”. “No lo tenían arreglado anteriormente”.

La continua aparición de escritos subversivos acabaron por desencadenar una desproporcionada pesquisa secreta y a la vez la creación del Consejo Extraordinario que acabaría dictaminando la necesidad de liberarse de los jesuitas. Así pues, se establece por voluntad real un reducidísimo “tribunal” formado en un primer momento sólo por el conde de Aranda como Presidente del Consejo de Castilla y un ministro elegido por él “reservadamente” ya que todo el proceso debería ser secreto; se coloca como mentor del proceso al Fiscal del Consejo de Castilla Pedro Rodríguez de Campomanes; Aranda11 nombró como ministro reservado a Miguel María Nava y como escribano a José Payo Sans.
Los métodos de trabajo los calcaron de la Inquisición: Secreto de los delatores; promesa de gracia para los testigos secretos que hubieran sido cómplices en el delito y la amenaza de aplicarles el agravante de encubrimiento si su declaración resultara falsa o diminuta. “Reserva” y “secreto” serán las palabras claves más repetidas en el arranque legal de la llamada “pesquisa secreta o reservada”.12
Para Campomanes, el rey no tenía nada que temer del pueblo, que arrepentido consentía con la mayor docilidad en el alzamiento de los precios que el monarca había tenido que rebajar violentado por las capitulaciones motinescas. Según él, en el reino fidelísimo “todo respira patriotismo y amor a la sagrada persona de Vuestra Majestad”; pero deja caer la idea que en ese contexto de fidelidad al monarca, el vulgo es influenciado por un sector que lo fanatiza y esto sólo podía proceder  “de personas eclesiásticas”.
Durante todo el verano de ese año se prosiguió con los procesos y averiguaciones de los responsables en los motines de Madrid y las provincias: Para el mes de septiembre, el receptor de toda la información, o sea Campomanes ha concentrado su punto de mira: no fue el clero indiscriminadamente, sino “un cuerpo religioso” el que animó “tan espantoso movimiento”. Hace llegar al Consejo Extraordinario, para que sea solicitado al rey, aislar este cuerpo religioso (que ya nadie duda que es la Compañía de Jesús) del resto de los eclesiásticos.
También, por ser causa tan grave e importante se amplió el reducido número de consejeros de tres a seis, nombrando al Decano del Consejo de Castilla, conde de Villanueva (tan anciano que no asistió a ninguna sesión), Andrés de Maraver y Vera y a Bernardo Caballero. El rey imponía a todos  los ministros el juramento del más riguroso secreto. Cualquier falta en el sigilo sería considerada como delito de Estado.
Pero no todos los miembros del Consejo Extraordinario trabajaron en igual medida: la información se llevó a cabo por Campomanes, responsable último de todo el proceso por voluntad real y que no estaba obligado a asistir a las sesiones del Consejo. El intermediario entre el Consejo, Campomanes y el rey fue el Secretario de Gracia y Justicia Manuel de Roda.
Para la selección de los consejeros extraordinarios se fijó ante todo en criterios ideológicos; o sea, en sus convicciones regalistas bien probadas.
En tiempos de Carlos III se puede decir que casi todo el episcopado y las grandes órdenes religiosas eran regalistas convencidos; o sea, acataban incondicionalmente la voluntad del rey y sacralizaban la persona del monarca; casi únicamente eran los jesuitas lo que se oponían a esta forma de sistema político y también por razones concretas: por su cuarto voto de obediencia al Papa (también príncipe temporal) y por haber perdido poder político con la caída del  Padre Rávago, último confesor real que tuvieron. Impuesto el regalismo sin discusiones, se siguió una política selectiva y depuradora desde el gobierno, lo mismo en la elección de los obispos que en el control del poder civil.
Por otro lado la experiencia de la derrota sufrida con el proyecto desamortizador sirvió de escarmiento y puso de manifiesto el peligro de someter la otra decisión, mucho más trascendental, al Consejo de Castilla en pleno.13 Los integrantes de aquel Consejo Extraordinario eran también probados “tomistas·”, ahí no cabía ningún “jesuita”14

 

EL TRABAJO SECRETO

Pedro Rodríguez de Campomanes
Pedro Rodríguez de Camponmanes
Este Consejo Extraordinario tuvo que enfrentarse a un trabajo previo; delaciones y pesquisas, innumerable material acumulado y conclusiones formuladas por un dictamen del fiscal Campomanes. Era necesario elaborar la consulta pedida por el monarca. Consulta y decisión se realizaron en enero de 1767. El trámite previo consistió en asegurar el sigilo más riguroso con el juramento impuesto por Carlos III. Los consejeros guardaron su juramento con tanto celo que hasta prácticamente hoy se pudo conocer lo que trataron en aquellas secretas reuniones.
Los asuntos tratados se ordenaron y redactaron en forma de Consulta en pocos días y este fue el alegato que se presentó al rey, lo que leyó y en virtud del cual tomó la decisión de extirpar a la Compañía del reino.

La argumentación del Consejo se estructura en torno a centros de interés:

  • Responsabilidades jesuíticas en todos los motines de España.
  • Actividad corporativa de la Compañía en la difusión clandestina de libros, pastorales y otros impresos ofensivos a la monarquía.
  • Acusación contra los comportamientos de los jesuitas en las Indias, con acento en las Reducciones del Paraguay.
  • Disposiciones varias para las operaciones de la expulsión y cautelas para con el Papa.

Reducciones el Paraguay
Reducciones el Paraguay

La Consulta del Consejo copia casi literalmente el Dictamen del fiscal. Campomanes arguye siete vicios por los que es necesario proceder:

  • Es incompatible la Compañía en el reino por su unión y confederación bajo de un gobierno extranjero contrario al espíritu de su fundación.
  • Su ambición de riquezas temporales que les permite aspirar a la soberanía efectiva. En sus misiones cuanta ya con armas y gobierno.
  • Siguen la doctrina del probabilismo que atenta contra la seguridad de los Estados.15
  • Tienen un continuo espíritu de sedición contra el gobierno, contra el Estado y contra la mismísima religión. No se puede sufrir por más tiempo en el corazón del Estado un gusano que le está royendo. Todo peligra con la permanencia del cuerpo de la Compañía dentro del reino.
  • La Compañía tiene la animosidad de hacer frente a los reyes mismos, como lo están haciendo en las Cortes de Francia y Portugal, calumniando reyes y gobiernos con las injurias más sacrílegas.
  • La Compañía tiene espíritu de venganza, no perdonando medio para llevarla adelante, sin tropezar en el debido respeto a ninguna clase ni dignidad, por alta y respetable que sea. El verse privados del confesionario regio les llevó a incitar los motines.
  • Intolerable en España la Compañía por sus alianzas externas avivando competencias entre las regalías y el pontificado.

Después de catorce días, los consejeros extraordinarios, unanimemente decidieron presentar  al rey las conclusiones de su examen. El contexto de toda esta parte del alegato no deja otra opción: o el rey o la Compañía. La conclusión se formula en la misma consulta:
“Siendo conforme a sus méritos notoriamente incompatibles dentro de la monarquía los jesuitas, estima (el Consejo Extraordinario) con uniformidad de votos que ha llegado el tiempo de su expulsión y extrañamiento, así lo ha acordado antes a Vuestra Majestad con las reglas convenientes” (fol 48-v).
La votación del 23 de enero de 1767 sentenció y decidió la suerte de la Compañía. Vista la documentación  secreta del Consejo Extraordinario, Carlos III fue el responsable último y del todo consciente de la expulsión de los jesuitas y de la enajenación de sus bienes; es verdad que Campomanes, el Consejo Extraordinario, Roda y el flujo epistolar constante de Tanucci desde Nápoles, aunados a las presiones de Francia y Portugal convencieron al rey de que se exponía su persona, su soberanía y su monarquía si no se decidía a extirpar al enemigo.
El rey pronunció su palabra: “se conformaba con la sentencia y parecer del Consejo Extraordinario”16

 

LAS CAUSAS DE LA EXPULSIÓN

Expulsión Jesuita
Expulsión de los Jesuistas

Pero esta decisión de Carlos III tenía raíces hondas y varias causas que se fueron gestando hasta hacer posible una intervención tan atípica en la historia de la Iglesia y tan brutal por parte de un rey. Las más importantes y muy resumidas, son las siguientes:

  • Causas ideológicas: Una causa notable era, como ya hemos visto, el regalismo del rey Borbón, su corte, los obispos y en general de las antiguas órdenes religiosas. Este sistema político justifica la intromisión del poder civil en la esfera de los asuntos eclesiásticos. Es una exageración de los derechos de la Corona, apelando a las argumentaciones históricas de la preeminencia del poder civil sobre el eclesiástico. Las tesis regalistas nacen de la tendencia a interpretar como derechos “nativos” de la Corona lo que habían sido concesiones gratuitas de los papas a los reyes. Esta idea política fue determinante en la expulsión de los jesuitas17
  • Causas sociales: Desde hacía tiempo que los obispos en general no veían con buenos ojos las prerrogativas y excensiones de que gozaban los jesuitas como excensiones papales. Ellos, no dependían de los obispos: lo decían y se enorgullecían de esto, causando celos y disgustos a los prelados. Con las órdenes religiosas, las cosas no andaban mejor; el apostolado exitoso y triunfalista, la manera de vanagloriarse de su fama y virtud y la influencia que tenían en la sociedad, les acarreó muchos odios que fueron alimentados también con publicaciones no siempre oportunas.18

Pero las contradicciones de la Compañía, nacieron desde su propia fundación; no tenían largas horas de rezo, no imponían pesadas mortificaciones, tenían buen cuidado de que no los confundieran con los frailes. Propagaban una religiosidad de nuevo estilo, acomodada a la sociedad renacentista y barroca, mientras las órdenes tradicionales seguían apegadas al legado medieval; esto fue su éxito porque no podían evitar un aire de superioridad, de modernidad que chocaba y despertaba recelos.19
Tenían casi el monopolio de la educación, en tal forma que muchos se sentían marginados de los “colegiales”. Sus métodos de enseñanza se fueron quedando estancados y esto no lo querían reconocer.

  • Causas políticas: En el campo político se puede hablar del choque de dos despotismos; el ministerial, fuertemente regalista y el de los jesuitas, fuertemente ultramontano; o sea, defensor a ultranza de los derechos del pontificado. Los jesuitas, terminaron resultando en la España de Carlos III unos incómodos infiltrados romanos; no colaboradores útiles sino competidores molestos.20

Todas estas causas nos ofrecen una visión general del estado de la cuestión en el momento de la decisión tomada por Carlos III. También, en justicia, es necesario decir que nunca se ha podido demostrar la participación de un jesuita en el motín de Esquilache. Mucho se ha dicho sobre los “pasquines” subversivos repartidos durante esos días contra el gobierno y que se han juzgado (algunos) como muy bien redactados para considerarse “populares”, pero eso no prueba nada.

Expulsión Jesuita en Perú
Expulsión Jesuita en Perú

 

ORDEN Y EJECUCIÓN DE LA EXPULSIÓN

Todavía, para “mayor seguridad de su conciencia” el rey nombró una Junta de la que también se excluyó a toda persona favorable a la Compañía; la presidió el duque de Alba y la integraron cuatro secretarios de Estado: Grimaldi, Muniain, Múzquiz y Manuel de Roda; este último rival de Campomanes en su aversión a los jesuitas. La Junta insistió en la necesidad de proceder a la expulsión y propuso al soberano, para no dar lugar a polémicas, se abstuviera de mencionar las causas.
Los preparativos de la expulsión se encargaron al conde de Aranda y se llevaron en el máximo secreto; éstos duraron todo el mes de marzo.21
La célebre Pragmática Sanción había sido firmada por el rey el 27 de febrero de 1767, en ella declaraba tomar esa determinación estimulado por gravísimas causas, relativas a la obligación en que se hallaba constituido de mantener la tranquilidad y justicia de los pueblos, y por otras urgentes, justas y necesarias razones que reservaba en su real ánimo, usando de la autoridad que el Todopoderoso depositó en sus manos para la protección de sus vasallos y respeto a su Corona.22
La expulsión fue por sorpresa; inesperadamente: la noche del 31 de marzo en Madrid y el día 2 de abril para el resto de la Península; y del mismo modo, para las provincias de ultramar en torno a los meses de junio a diciembre del mismo año.
El procedimiento se realizó con las fuerzas reales de caballería e infantería. Cercaban las casas de los jesuitas; llamaban al portero y se le exigía la presencia del rector al cual se le conminaba a reunir a la comunidad en el refectorio en donde se leía la Pragmática Sanción del rey. Desde ese momento todos se consideraban en arresto ya que eran culpables de un gravísimo crimen y ya habían sido condenados al exilio. Debían dejar el territorio español. Se les prohibió llevar nada que no fuese estrictamente personal; ningún libro o documento, ni siquiera apuntes personales; solo el breviario.23

Pragmática
2,641 jesuitas los expulsados de la Península a los que luego se unieron 2,630  procedentes de América, donde la real orden se ejecutó en los mismos términos, incidió notablemente y en forma negativa, en los territorios en donde había misiones; en poco tiempo se echó a tierra todo lo construido; los casi tres mil  padres, coadjutores y novicios de ultramar, llegaron a España y desde ahí fueron trasladados a Italia: En muchas ciudades americanas hubo conato de motín para retener a los injustamente expulsados pero  las autoridades los reprimieron sin contemplaciones.
También, en la misma Pragmática Sanción, se prohibió hablar o escribir a favor o en contra de la resolución tomada por el rey.


CONSECUENCIAS

Múltiples son las consecuencias de haber arrancado de raíz en los dominios españoles a quienes tenían prácticamente monopolizada la educación, muchos ámbitos de cultura y misiones. Sufrió también la arquitectura, el arte y la visión más romana en cotraposición con el “antiromanismo” practicado por los subsiguientes reyes y jefes de Estado.

Papa Clemente XIV
Papa Clemente XIV
Pero quizá la consecuencia más trascendente es la supresión definitiva que, sin lugar a dudas España, a través de Carlos III va a obtener la supresión universal de la Compañía de Jesús bajo el pontificado de Clemente XIV con su breve “Dominus ac Redemptror” de 1773. A nuestro estudio, bastan estas líneas respecto de Clemente XIV: “Llegó incluso(el papa) a escribir en noviembre de 1769 a Carlos III de España que estaba poniendo todo cuidado en la redacción de los motivos del decreto de supresión, a fin de que el mundo supiera la sabiduría con que habían actuado los príncipes al expulsar de sus Estados a los “peligrosos jesuitas rebeldes” y llegó a prometer al rey que próximamente sometería a su consideración el proyecto de un breve. Así se hizo efectivamente, en febrero de 1773, también los reyes de Francia y Portugal recibieron el texto del borrador para que dieran su opinión. Esta actitud del jefe de la Iglesia, difícilmente podría calificarse con otro término que el servilismo.”24

Carlos III, muy satisfecho de los resultados obtenidos con la publicación del breve, fue generoso con todos los actores que ayudaron a esta última consecuencia: el condado para el embajador en Roma, Moñino, muchas mercedes reales para José Nicolás de Azara, procurador general de la Corte Romana, al Cardenal Zelada, al confesor del Papa y a todas las personas que habían colaborado con la extinción.
A ciencia cierta no se sabe porque Carlos deseaba tan ardientemente la extinción de los jesuitas; quizá pudo temer por su vida y la de su familia como consignó reiteradamente en su correspondencia o también pudo creer que la doctrina de los jesuitas era incompatible con la tranquilidad de sus Estados. En marzo de 1773 escribe a Tanucci: “Te doy la gustosa e importante noticia para nuestra santa religión y para toda nuestra familia de haberme enviado el papa la minuta de la bula de extinción de los jesuitas…demos muy de veras las debidas gracias a Dios, pues con esto nos da mucha quietud en nuestros Reinos, y la seguridad de nuestras personas, que no podía haber sin esto” 25

 

CONCLUSIÓN


Lo primero que podemos decir es que la orientación historiográfica de la expulsión de la Compañía de Jesús en España ha tenido tratamientos muy diversos. En muchos manuales de Historia, a partir del restablecimiento de la Compañía en el reino en 1815, las tesis más comunes y difundidas son las que sostiene que la expulsión de 1767 fue un complot elaborado por los iluministas impíos y masones acérrimos enemigos de la Iglesia de los cuales se había rodeado Carlos III para gobernar. Menéndez y Pelayo habla de “una conspiración de jansenistas, filósofos, parlamentarios, universidades y profesores laicos contra la Compañía”. Sin embargo, los trabajos sucesivos,  la apertura de archivos desconocidos (el de Campomanes), la publicación de la correspondencia del rey y sus ministros han ayudado al esclarecimiento de una época y del hecho concreto que nos ocupa.

Carlo III
Carlos III
Carlos fue un rey “de inteligencia mediana” como lo califican muchos, pero lleno de cualidades para gobernar: enérgico, honesto, desinteresado, con sentido del deber y a esto debemos agregar que piadoso y buen cristiano; amante de su familia y buen padre. No tuvo más objetivo en su vida que ser rey para todos los españoles y desde su concepción regalista, no interpuso ningún otro interés que no fuera este.
El horror al cambio que éste rey sentía, así como el vigoroso respaldo que proporcionó a sus ministros, contribuyeron a dar una estabilidad gubernamental que era necesaria. Su política reformista nunca fue revolucionaria, sino prudente y cautelosa.
Sobresalen en su reinado, como dos crestas en una gráfica ascendente, la forzada expulsión de Esquilache a raíz de los motines y la trabajada y discutida expulsión de la Compañía de Jesús; su obstinación en llegar hasta la extinción de la misma. Creo que estudiando los motivos y las causas, se puede concluir que: no fue una medida acertada ni justa, por la manera y los procedimientos como se llevaron a cabo y por las consecuencias que esta decisión acarreó a nivel social, político, religioso y aun económico en todo el ámbito español.

Por otro lado, parece que emerge claramente que esta decisión fue por motivos políticos y no religiosos; nada tuvo que ver la masonería u otras fuerzas ocultas y descreídas sino más una cuestión de seguridad y paz. Carlos III que en todo se mostró español, aquí se distanció del sentir común de sus súbditos.
Con él, con su regalismo absolutista moría una época; el Antiguo Régimen se deshacía en pedazos aunque no de una manera estrepitosa como en la vecina Francia.

 


1  Pactos entre las casas reales de los Borbones; España, Francia y después Parma, de protegerse mutuamente en política exterior.

2  A. Domínguez Ortiz, Carlos III y la España de la Ilustración, Madrid, 1990. Pp.17-24.

3 (Ibid. Pp.35-45).

4 T. Egído, Los Jesuitas en la Corte de Carlos III, Madrid. 1990 P. 119.

5 En una carta a Tanucci escribió: “ese gravísimo negocio o peligrosa secta” y que por tener su jerarquía propia estaban obligados a “obedecer  a otro muy distinto que Dios les ha dado”.

6 Balañá-Benítez-Meghnagi-Ranzato, Expulsión y Exilis: hebreus, moriscos, jesuïtes, guerra civil, Roma 1996.

7 Esquilache se dedicó de inmediato a realizar reformas, pero chocaron con la mentalidad española, particularmente con los madrileños. El marqués era de extracción humilde pero había hecho fortuna y  gozaba de toda las confianzas del rey; conducía una vida cortesana fastuosa y lujosa, lo que chocaba a la gente que luchaba por sobrevivir. (cfr.  BALAÑÁ-BENÍTEZ.., Op. cit. 78).

8 Menéndez- Pidal-Jover Zamora (AA. VV.)  Historia de España. Época de la Ilustración, Madrid 1988.

9 Disposición del 10 de marzo de 1766 sobre el vestido masculino. Ya en varias ocasiones se había prohibido el embozo, que impedía reconocer a las personas y facilitaba el anonimato de los delincuentes. Precedentemente se había hecho notar que la capa española tradicional era corta y no larga (típica de la clase popular). La clase gobernante no veía tampoco con buenos ojos que el vestido dejara de ser distintivo de la clase social  de quien lo llevaba.

10 Campomanes nació en una aldea asturiana en 1723, hijo de padres hidalgos de escasa fortuna.. Estudió leyes en Sevilla y ejerció en la Corte. Erudito y competente. Lleno de grandes cualidades pero nada simpático. Soberbio y obstinado en sus dictámenes, supo ser acomodaticio cuando lo exigieron las circunstancias. Su actitud con los jesuitas demuestra una capacidad de odio poco común. (cfr. DOMÍNGUEZ ORTIZ, Carlos  III  y … Op. cit. P. 85).

11  Recientes investigaciones han revelado la verdadera identidad del famoso conde: ni fue masón ni descreido. Fue un hombre de fe profunda y sincera, a pesar de su carteo con Voltaire y otros enciclopedistas. Su españolismo era de una intensidad casi patológica y su “ilustración” era solo un baño superficial adquirido en viajes y lecturas. (cfr DOMÍNGUEZ ORTÍZ, A., Carlos III y… Op. cit. Pp 84-85)..

12 Por Real decreto del 21 de abril de 1766 (AGS, Gracia y Justicia, leg. 1009).

13 Hacía poco tiempo que en sesiones del  Consejo de Castilla en pleno se había discutido y votado el proyecto de Campomanes para amortizar los bienes de la Iglesia. Éste fue derrotado por la mayoría tradicionalista. Entre los pocos que votaron a favor de la ley desamortizadora, se encontraban los ministros resevados del Consejo Extraordinario. (cfr CAMPOMANES, Conde de., Tratado de la Regalía de Amortización, Madrid 1975).

14  “Jansenista” o “jesuita”, “tomista” o “terciario”, además de ser insultos era  simplificación a unas filiaciones teológicas aunque no correspondiese siempre a la realidad, pero que entonces todo mundo entendía.

15  Frente a los dominicos y sus aliados, que preconizaban en caso de duda adoptar el criterio más seguro, los jesuitas enseñaban que se podía seguir una opinión meramente probable; por ejemplo, si cinco autores enseñan que no se debe mentir en ninguna circunstancia, y dos que la mentira es excusable en algunos casos, se puede seguir la opinión minoritaria con tal de que los dos autores que la defienden tengan suficiente autoridad. El probabilismo de los jesuitas les valío una fama de relajados bastante injusta, pues si es cierto que hubo teólogos jesuitas (y no jesuitas) que palntearon y resolvieron casos absurdos, la Compañía no suscribió sus afirmaciones. Si acaso pecó por no haberlas reprobado con más energía. ( crf. DOMÍNGUEZ ORTIZ, A., Carlos III y… Op. cit. pp. 86-87).

16 Egído-Pinedo, Las causas “gravísimas” y secretas de la expulsión de los jesuitas por Carlos III, Madrid 1994. Pp. 26-63.

17 El regalismo del siglo XVIII, tiene, además estos contenidos: El concepto de poder soberano, absoluto y pleno de los monarcas sobre sus vasallos y súbditos y sobre sus dominios, jurisdicciones y bienes que se desplazaba e imponía igualmente sobre los eclesiásticos, súbditos del rey y sus dominios temporales existentes en los territorios de soberanía real, rechazando el carácter de privilegios o concesiones graciosas de los sumos pontifices o monarcas. Se rechazaba que un príncipe soberano, el papa como soberano temporal de los Estados Pontificios tuviese igualmente poder soberano sobre los dominios que el Estado Eclesiástico tiene en otro Estado y autoridad sobre los súbditos de otro soberano. (cfr SUÁREZ-RAMOS-COMELLAS-GALLERO (y AA.VV)., Historia General de España y América) . La Ilustración. T. 10, Madrid 1989. P. 43.

18  El padre Isla publicó una novela, Fray Gerundio, en donde ridiculiza con agudo sarcasmo la decadencia, bajo nivel e ignorancia de la prédica de los frailes. Esto hirió profundamente los sentimientos religiosos, especialmente de los franciscanos y dominicos. (cfr. BALAÑÁ -BENÍTEZ… Op. cit. P. 76).

19 A. Domínguez Ortiz, (Op. cit. P. 85).

20 Balañá-Benítez…(Op. cit. Pp.73-78).

21 A. Domínguez Ortiz, (Pp. Cit. 90).

22 J. Gutiérrez Casillas, Historia de la Iglesia en México, México 1984. P. 180.

23 Balañá-Benítez…(Op. cit. Pp. 71-72).

24 Rogier-Aubert (AA.V.), Nueva Historia de la Iglesia. De la Ilustración a la Restauración. Madrid, IV. 1984. P.11.

25 A. Domínguez Ortiz, (Op. cit. P. 92).

               
               
               

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