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3.- Regina caeli (tiempo pascual)
V. Reina del cielo, alégrate, aleluya. V. Resucitó según su palabra, aleluya. V. Alégrate, Virgen María, aleluya. OREMOS. Oh Dios, que has alegrado al mundo con la resurrección de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor, concédenos por su Madre la Virgen María, llegar al gozo de la eternidad. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. R. Amen. SANTÍSIMA TRINIDAD. Padre, Hijo y Espíritu Santo, creemos y esperamos en ti; te amamos y te pedimos la gracia de vivir en unión íntima y constante contigo. PADRE CELESTIAL. Por tu gran misericordia enviaste a Jesucristo, tu Hijo, y nos revelaste el designio de salvación que Él consumó en la cruz. Nos proponemos incorporarnos fielmente a Él, para tu mayor gloria, sobre todo recibiendo con amor las cruces que dignes enviarnos. JESÚS, Sacerdote eterno, Hostia inmaculada, ayúdanos a transformarnos en ti, haciendo como Tú la voluntad del Padre con obediencia perfecta y humildad de corazón. ESPÍRITU SANTO, ilumínanos e infunde en nosotros el amor de Dios. Para vivir nuestra consagración a ti, seremos dóciles a tus inspiraciones y trabajaremos para que las almas te conozcan y te amen. MARÍA, Madre de Jesús y Madre nuestra, queremos meditar y compartir tus dolores, especialmente los que padeciste en favor de la Iglesia después de la ascensión de tu Hijo. En tu presencia renovamos nuestros votos religiosos; alcánzanos las gracias que necesitamos para guardarlos fielmente y bendice a los que pertenecemos a la Familia de la Cruz. V. San José, esposo de María. V. Santos ángeles Custodios. V. La mies es mucha, pero los obreros pocos. V. Por el Padre General y nuestros superiores. 4.- Ofrecimiento del Verbo Encarnado Padre Santo, por las manos de María te ofrecemos como víctima al Verbo Encarnado, en quien tienes tu complacencia. Impulsados por la caridad que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones, nos ofrecemos constantemente en su unión como hostias vivas y nos sacrificaremos por tu amor en las ocasiones que se nos presenten, implorando gracias para el mundo y la Iglesia, especialmente para los sacerdotes. ¡Jesús, Salvador de los hombres, sálvalos! Concepción Cabrera de Armida
PADRE MISERICORDIOSO, de quien todo procede, te damos gracias por todos tus bellos beneficios, perdona nuestras faltas e ingratitudes y míranos con paternal bondad. JESÚS, Salvador de los hombres, que en tu corazón nos manifiestas tu amor infinito y tus dolores sacerdotales; concédenos contemplarlos con amor agradecido, compartirlos contigo y ofrecerte un consuelo, alcanzando gracias en favor de tu Iglesia y especialmente de los sacerdotes. ESPÍRITU SANTO, que procedes del Padre y del Hijo, ven, habita en nuestras almas, y para hacernos hostias vivas con Jesús, concédenos participar de su amor, pureza y sacrificio. V. Pidamos la gracia de vivir con María el misterio de la pasión de Cristo: De pie junto a la cruz lloraba la Madre dolorosa mientras su Hijo moría. V. San Miguel, protector nuestro. V. Por la canonización de los Venerables Félix de Jesús, María Concepción y Ramón Ibarra, y de los Siervos de Dios Luis Ma. Martínez, Pablo guzmán, Alfonso Pérez y Moisés Lira. V. Por nuestros bienhechores. V. Por los fieles difuntos, en especial por los sacerdotes y los nuestros. Bendición El Espíritu Santo, fuente de toda pureza, nos la comunique por medio de la cruz y guarde nuestros cuerpos y nuestras almas siempre puros.
Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy y me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén. V. Señor, abre mis labios. V. Dios mío, ven en mi auxilio. V. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. V. Concédeme, oh Virgen sagrada, que te alabe. Misterios gozosos (Lunes y jueves). V. Por tu limpia concepción, oh soberana Princesa. 1º La encarnación del Señor. Pidamos por la humildad. Misterios dolorosos (Martes y viernes). V. Madre, fuente de amor. 1º La agonía en el huerto. Pidamos el espíritu de compunción. Misterios gloriosos (Miércoles, sábado y domingos). V. María, Madre de gracia, Madre de misericordia. 1º La resurrección del Señor. Pidamos el espíritu de fe. Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, en tus manos encomiendo mi fe para que la ilumines, llena eres de gracia... Dios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, en tus manos encomiendo mi esperanza para que la alientes, llena eres de gracia... Dios te salve, María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, en tus manos encomiendo mi caridad para que la inflames, llena eres de gracia... Dios te salve, María Santísima, templo y sagrario de la Santísima Trinidad, Virgen concebida sin mancha del pecado original. Dios te salve, Reina y Madre...
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Perdónanos, Señor. Oración: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén. 8.- Trisagio en honor de la Santísima Trinidad
Se reza los domingos Santísima y augustísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te amamos, te adoramos y te entregamos nuestro ser. Voluntariamente y por amor te sacrificamos cuanto somos y tenemos para tu mayor gloria y nos abandonamos a tu voluntad divina. Al Padre Padre, acuérdate que somos tus hijos y ten piedad de nosotros. Envuélvenos en tu mirada de ternura paternal y danos la virtud de la fe. Padre nuestro. Gloria. Y tres veces: V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Al Hijo Oh Jesús, sé siempre nuestra esperanza en las luchas, en las tempestades, en las tentaciones. Padre nuestro. Gloria. Y tres veces: V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Al Espíritu Santo Oh Espíritu Santo, fuente de luz y de amor, danos la caridad que todo ilumina, lo transforma y diviniza; danos ese fuego que enardece el corazón y lo hace capaz de los más grandes sacrificios. Padre nuestro. Gloria. Y tres veces: V. Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. A María Virgen Santa, nuestra Madre y Reina, hoy que la Iglesia entona con más fervor las alabanzas de la Santísima Trinidad, alcánzanos la gracia de que la fe, la esperanza y el amor inunden nuestros corazones. Amén.
Se reza los viernes Oración preparatoria Oh Jesús, venimos a acompañarte en el camino del Calvario. Ayúdanos, por intercesión de tu Madre dolorosa, a comprender el amor inmenso con que aceptaste la muerte de cruz para reparar la gloria ultrajada de tu Divino Padre y redimir a toda la familia humana. Que la meditación de tu pasión y de muerte nos ayude a transformarnos en ti, para llegar a ser como Tú nos quieres. Al principio de cada estación se dice: V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. I Estación: Jesús es condenado a la muerte. Oh Jesús, recibes la injusta sentencia con toda paz y serenidad, porque sabes que muriendo en la cruz vas a procurar, a la vez, la gloria de tu Divino Padre y nuestra salvación. Haz que seamos generosos como Tú y que aceptemos con amor entusiasta todos los sacrificios que nos pides para salvar y perfeccionar las almas. María, Madre nuestra, bendícenos al principio de este viacrucis para que acompañemos a Jesús con vivísimo deseo de imitarlo, siendo otros cristos. Al final de cada estación se dice: V. Madre, fuente de amor. II Estación: Jesús recibe la Cruz La recibe con alegría y con amor. Piensa en su amado Padre y se abraza al madero de su suplicio para cumplir la voluntad divina. Jesús, perdónanos la falta de fe y de amor con que hemos recibido las cruces que tu ternura nos ha mandado, y haz que nos sintamos felices cuando se nos presente la ocasión de ofrecerte algún sacrificio. Oh María, pide para nosotros la gracia de llevar siempre la cruz con el mismo espíritu y con el mismo amor de tu Hijo. III Estación: Jesús cae por primera vez Debilitado y exhausto por la pérdida de tanta sangre en la flagelación, y no pudiendo más con el peso de la cruz, cae Jesús rendido de fatiga y de dolor. Consideremos que no es el peso del madero de la cruz, sino más bien el de nuestros pecados, lo que ha causado la caída de Jesús. Señor, te prometemos evitar de hoy en adelante, sólo por tu amor, no únicamente el pecado sino toda falta plenamente voluntaria. IV Estación: Jesús encuentra a su santísima Madre Cuál sería el dolor de Jesús cuando, cargando con la cruz, encontró a su santísima Madre. Por el inmenso dolor que experimentaste, Jesús, en ese encuentro con tu amadísima Madre, concédenos la gracia de que en todos los días de nuestra vida consolemos a María, acompañándola en su soledad y recordando con Ella tus dolores. Y Tú, Madre nuestra, alcánzanos de tu Hijo la gracia de saberlo consolar con nuestro acendrado amor al misterio de su santísima pasión y muerte. V Estación: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz Te adoramos, Jesús, en el momento en que quisiste que obligaran al Cirineo a que te ayudara a llevar la cruz. Oh, Salvador nuestro amadísimo, no queremos como el Cirineo, llevar la cruz por la fuerza. Aceptamos de antemano todas las cruces que nos has preparado y que nos mandarás a su debido tiempo, hasta el último instante de nuestra vida. Queremos ayudarte trabajando con todas nuestras fuerzas en la grande empresa de salvar al mundo. María, alcánzanos la gracia de amar la cruz. VI Estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús En tu doloroso camino, Señor, quisiste recibir el consuelo que te dio la piadosa Verónica; la impulsó su amante y compasivo corazón a enjugar el sudor y la sangre que te cubrían tu rostro, y este acto de piedad fue recompensado con un milagro: hiciste que tu rostro divino quedara impreso en el lienzo con que te enjugó. Graba, O Jesús, en nuestra alma tu fisonomía, para que jamás nos olvidemos de los pasos dolorosos de tu pasión. María, imprime en nuestra alma la imagen del Crucificado. VII Estación: Jesús cae por segunda vez Amadísimo Jesús, te contemplamos en tu segunda caída bajo el peso de la cruz. Cuánto deploramos las incontables caídas de nuestra miserable vida. Tú la viste entonces, Señor, y ofreciste por nosotros las humillaciones y los dolores que padeciste en el camino del Calvario. No permitas que volvamos a caer en el pecado y ayúdanos por tu santísima pasión a evitar en nuestra vida religiosa las infidelidades e inconstancias. María, Madre nuestra, pide para tus hijos la fidelidad y la constancia. VIII Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén Oh Jesús, nos conmueve tu bondad con las mujeres que te acompañaron al Calvario. De tu divino corazón salieron para ellas palabras de consuelo y piadosos consejos. Haz, Señor, que como Tú sepamos olvidarnos de nosotros mismos para consolar a los que sufren. Inspíranos para saber consolar a las almas y darles fortaleza. María, consuelo de los afligidos, sé nuestro amparo en la hora del dolor. IX Estación: Jesús cae por tercera vez Te adoramos, Jesús, tendido de nuevo en tierra bajo el peso de la cruz. Ya está cerca el Calvario, donde vas a ser crucificado, y al ver el lugar de tu suplicio, tu amor te da nuevas fuerzas para levantarte. Es que tu corazón arde en el deseo de sufrir y morir por las innumerables almas que has venido a salvar y que te deberán la gloria eterna. Virgen Santa, haz que caminemos fieles a nuestra vocación de amor y sacrificio. X Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras Ya llegas al Calvario, oh Jesús. Antes de clavarte en la cruz, los verdugos te despojan de tus sagradas vestiduras. Quieres con este suplicio expiar nuestras faltas de modestia. Queremos, para consolarte, llorara nuestros pecados y prometemos amar apasionadamente la santa virtud de la pureza. María, reina de la pureza, haz que florezcan en nuestros corazones las virtudes que florecieron en el tuyo. XI Estación: Jesús es clavado en la cruz Nos conmueve profundamente, oh Jesús, los indecibles tormentos que sufriste cuando extendieron tu cuerpo ensangrentado en la cruz, y lo fijaron en ella traspasando con gruesos clavos tus manos y tus pies. Oh Jesús, no basta despojarnos de nosotros mismos, sino que es preciso unirnos a ti estrechamente clavándonos contigo en la cruz y recibiendo generosamente, a tu imitación, por amor al Padre Celestial, todas las cruces que Tú nos mandes, por amargas que sean. Madre dolorosísima, te acompañamos en tu inmensa pena. XII Estación: Jesús muere en la cruz Te contemplamos, oh Jesús, clavado en la cruz y suspendido entre el cielo y la tierra en actitud suplicante. Antes de morir, pides a tu Padre perdón para todos los hombres: «Padre, perdónalos»; y luego, inclinando hacia María, le encargas que nos reciba por hijos: «He ahí a tus hijos». Nos rendimos ante esta prueba de infinito amor que nos das muriendo Tú, inocente, por nosotros los culpables. Que te amemos en la vida y en la muerte y unamos nuestra agonía con la tuya. XIII Estación: Jesús es bajado de la cruz y puesto en los brazos de su santísima Madre. El corazón más delicado y sensible del mundo sería incapaz de comprender cual fue la aflicción de la amantísima Madre de Jesús cuando recibió en sus brazos el cuerpo inanimado de su hijo, todo cubierto de crueles heridas. Madre amadísima, Jesús está entre tus brazos ya muerto. Besas sus llagas, contemplas con indecible dolor sus manos atravesadas y su costado abierto. En medio de tu dolor ofreces al Padre Celestial la divina Víctima por los pecados de todos los hombres. Ahora, oh Madre, ofrécelo por nosotros, tus hijos, que te acompañamos siempre en tu soledad y suplica al Padre Celestial que nos conceda la gracia de ser otros cristos. XIV Estación: Jesús es puesto en el sepulcro Adoremos el cuerpo santísimo de Cristo en el sepulcro y compadezcamos la pena incomparable que, al sepultarlo, sintió María en su corazón maternal. Oh María, prepara Tú, como Madre amorosa, los corazones de tus hijos para que al recibir en la comunión el sagrado cuerpo de Jesús, sea para ellos luz, fortaleza y vida, como lo fue para ti en los amargos años de tu soledad, después de la ascensión de Jesús. Oración final Dios eterno omnipotente, Padre amadísimo, acabamos de acompañar a Jesús en el camino del Calvario. Haz, por la intercesión de la Reina de los mártires, que tengamos siempre presentes su pasión y muerte. Queremos ser verdaderos discípulos de Jesús crucificado, bajo la interna acción del Espíritu Santo. Meditaremos sin cesar los dolores de Jesús y María en la tierra, para animarnos a estar con ellos eternamente en el cielo. Amén. Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria por las intenciones del Sumo Pontífice para ganar la indulgencia. 10.- Letanías al Sagrado Corazón de Jesús Para rezarse los viernes primeros y durante el mes de junio, en lugar de las Letanías lauretanas. Señor, ten misericordia de nosotros. V. Jesús, manso y humilde de corazón. Oración Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el corazón de tu amantísimo Hijo y las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores te ha ofrecido, y concede bondadoso el perdón a éstos que piden la misericordia en el nombre de tu mismo Hijo, Jesucristo, el cual vive y reina contigo por los siglos de los siglos.
12.- Letanías al Espíritu Santo Señor, ten piedad de nosotros. Espíritu Santo, que procedes del Padre y del hijo. Ven a nosotros. Espíritu Santo, imprime en nosotros el horror al pecado. Te rogamos, óyenos. Cordero de Dios, que borrar el pecado del mundo. Derrama en nuestras almas los dones del Espíritu Santo. V. Ven, oh Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles. Oración Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo, haz que seamos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 13.- Consagración al Espíritu Santo
14.- Preces o letanías en favor de los sacerdotes.
A nuestro Santo Padre el Papa N., dale, Señor, tu corazón de Buen Pastor. De manera especial te ruego por aquellos sacerdotes por quienes he recibido tus gracias: el sacerdote que me bautizó, lo que han absuelto mis pecados reconciliándome contigo y con tu Iglesia. Aquellos en cuyas misas he participado y que me han dado tu cuerpo en alimento. Los que me han transmitido tu Palabra y los que me han ayudado y conducido hacia ti. Fórmula breve A todos los sacerdotes, transfórmalos en ti, Señor. Que el Espíritu Santo los posea, y que por ellos renueve la faz de la tierra. Oración Divino Corazón de Jesús, Corazón lleno de celo por gloria de tu Padre, te rogamos por todos los sacerdotes. Por tu Espíritu Santo llénalos de fe, de celo y de amor. Así sea. 15.- Oración para ofrecer la eucaristía por los sacerdotes
Padre Celestial, para la mayor gloria de tu Santo Nombre, te ofrecemos el Verbo Encarnado que acabamos de recibir en el Sacramento de su Amor, y en quien tienes todas tus complacencias. Nos ofrecemos en su unión por manos de María Inmaculada, por la santificación y multiplicación de tus sacerdotes. Derrama en ellos tu Divino Espíritu, enciéndelos en amor a la cruz y haz muy fecundo su apostolado. 16.- Fórmula de la profesión religiosa En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Padre Celestial, impulsado por el firme deseo de responder a tu llamado y queriendo glorificarte sobre la tierra, me consagro plenamente a seguir más de cerca a Jesucristo, tu hijo, Sacerdote y Víctima, y a trabajar por extender el reinado del Espíritu Santo en el mundo entero. Para la primera profesión Por tanto yo, N., delante de la Iglesia, representada por el P. N., con mis hermanos aquí presentes, hago a ti, Dios omnipotente, por un año, los votos de castidad, pobreza y obediencia en la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, según sus Constituciones. Para las renovaciones temporales Por tanto yo, N., delante de la Iglesia, representada por el P. N., con mis hermanos aquí presentes, renuevo a ti, Dios omnipotente, por un año, los votos de castidad, pobreza y obediencia en la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, según sus Constituciones. Para los votos perpetuos Por tanto yo, N., delante de la Iglesia, representada por el P. N., con mis hermanos aquí presentes, hago a ti, Dios omnipotente, para siempre, los votos de castidad, pobreza y obediencia en la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, según sus Constituciones. Para las renovaciones de devoción: Navidad, Pentecostés... Por tanto yo, N., delante de la Iglesia, representada por el P. N., con mis hermanos aquí presentes, renuevo a ti, Dios omnipotente, los votos de castidad, pobreza y obediencia en la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, según sus Constituciones. Padre Santo, infunde en mí tu Espíritu de santidad, que me impulse hacia la perfección de la caridad para ser, en Cristo, víctima viva para tu alabanza y servicio de la Iglesia. María, Madre de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, por los dolores que padeciste sobre todo en los años de tu soledad, alcánzame las gracias que necesito para ser fiel a los sagrados compromisos que acabo de contraer.
18.- Oración por la extensión de las Obras de la Cruz
Padre Santo, por intercesión de la siempre Virgen Santa María de Guadalupe, te pedimos que derrames la abundancia de tu Espíritu sobre las Obras de la Cruz, a fin de que el mensaje de santidad que tu Hijo comunicó a la Iglesia por medio de tu Sierva María concepción Cabrera de Armida, se extienda a través de ellas por todo el mundo, ara tu mayor gloria, consuelo del Sagrado corazón de Jesús y reinado del Espíritu Santo. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Jesús, Salvador de los hombres, ¡sálvalos! 19.- Himno de la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo Oasis dichoso, aunque batalles, Entre las luchas que a veces tengas Muéstrate firme en la batalla, El sufrimiento mira propicio, Mas si la guerra te contraría, Dolor, pureza, formen tu ser,
21.- Consagración al Inmaculado corazón de María
¡Corazón Inmaculado de María...! que a cambio de tu amor para con nosotros, recibes tantas ofensas: Yo te ofrezco y consagro perpetuamente todo mi ser, para corresponder de la mejor manera, a tu ternura maternal, para reparar las injurias de que eres objeto de parte de tantos hijos ingratos, y para vivir por mi parte la consagración del mundo entero, tan deseado por tu Corazón, y llevada a cabo por el Sumo Pontífice. Dígnate aceptar este humilde, pero sincero ofrecimiento. Mi alma, mi cuerpo, mi vida son tuyos; y pues enteramente te pertenezco, guárdame y defiéndeme como cosa enteramente tuya. Amén. Señor, te doy gracias porque entre tantas me has elegido a mi. Oh María, aurora del mundo nuevo, Madre de los vivientes, a Ti confiamos, la causa de la vida: mira, Madre, el número inmenso de niños a quienes se impide nacer, de pobres a quienes se hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad. Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida. Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo, la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia y valentía de testimoniarlo con solicita constancia, para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida. Oh María, me entrego a Ti con todos las energías de mi alma. Hoy, mañana y todos los días de mi vida quiero ser tuyo, vivir tu misma vida, imitándote hora por hora, momento por momento y, ayudado por la divina Gracia, llegar a pensar como Tú, a hablar como Tú, a obrar en todos mis actos como obraste Tú.
26.- No te conozco Madre, pero te necesito... Si llevo en mí tu imagen esculpida, Mira el amor que te di a qué extremo me ha llevado... el amor que no me has dado hizo de verdugo en mi. Pero, con ser ello así, tanto ese amor busco y quiero... que, por alcanzarlo, muero... y ¡aún muero, pensando en tí! Todas tus deudas cubrí... nadie reclamarte pueda: escrito, aquí en la cruz, queda con la sangre que vertí. Tibias gotas de rubí... ¡que despierten tu memoria! ¡y... gane yo esta victoria por la vida que perdí! ¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco todo a ti, y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guárdeme y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén. 29.- Oración a Santo Toribio Romo
Glorifica mi alma al Señor. Y mi espíritu se llena de gozo al contemplar la bondad de Dios mi salvador. Así sea. No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor; muéveme al verte clavado en una cruz y escarnecido; muéveme ver tu cuerpo tan herido; muéveme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, al fin tu amor, y en tal manera que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No tienes que dar porque te quiera; porque, aunque lo espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.
Oh maestro, que no me empeñe tanto en ser consolado, como en consolar, en ser comprendido, como en comprender, en ser amado, como en amar; pues, dando ser recibe, olvidando, se encuentra, perdonando, se es perdonado, muriendo se resucita a la vida eterna. 33.- Padre Félix de Jesús Rougier M. Sp. S.
Te bendigo, Padre bueno, por haberme llamado a la vida; concédeme entregarla en el servicio a los demás. Gracias, también, por mi hermosa vocación: ser, en la Iglesia y para el mundo, testigo de tu amor. Por intercesión de María, regálame la gracia de la fidelidad, como se la concediste a tu hijo Félix de Jesús. Espíritu Santo, transfórmame en Jesucristo, e impúlsame a colaborar con él en la salvación del mundo.
Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayúdame a olvidar totalmente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquila, como si ya mi alma estuviera en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio. Pacifica mi alma, haz de ella tu cielo, tu morada de amor y el lugar de tu descanso. Que en ella nunca te deje sólo, sino que esté ahí con todo mi ser, toda despierta en fe, toda adorante, totalmente entregada a tu acción creadora. Oh mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para tu Corazón, quisiera cubrirte de gloria, quisiera amarte..., hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia: te pido «ser revestida de Ti mismo», identificar mi alma con cada movimiento de la tuya, sumergirme en Ti, ser invadida por Ti, ser sustituida por Ti, para que mi vida no sea sino irradiación de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador. Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero volverme totalmente dócil, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas mis impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz. Oh Astro mío querido, fascíname, para que ya no pueda salir de tu esplendor. Oh Fuego abrasador, Espíritu de amor, «desciende sobre mí», para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo: que yo sea para Él una humanidad suplementaria, en la que renueve todo su Misterio. Y Tú, oh Padre, inclínate sobre esta pobre criatura tuya, «cúbrela con tu sombra», no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien tienes todas tus complacencias. Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad en que me pierdo, me entrego a Vos como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, hasta que vaya a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas. Beata Isabel de la Trinidad.
Señor, haz que yo comparta la vida con mis amigos. 36.- ¡Oh Espíritu Santo amadísimo! ¡Oh Espíritu Santo amadísimo! Proyecta sobre mí tu sombra y envía un rayo de luz a mi inteligencia y una chispa de tu fuego celestial a mi corazón para conocerte y conocerme; para amarte y aceptarme; para que nada sea más importante en mi vida de Tú. Concepción Cabrera de Armida. 37.- Consagración al Espíritu Santo
¡Oh Espíritu Santo, Fuente perenne de todas las gracias! Iluminado por la fe, creo firmemente que eres la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, verdadero Dios, que procedes, como de un solo principio, del Padre y del Hijo. Concepción Cabrera de Armida. 38.- Súplica al Espíritu Santo
Oh, Espíritu Santo, fuente de luz y amor, dame la caridad que todo lo ilumina, lo transforma y diviniza; dame ese fuego que enardece el corazón y hace capaz de entregar en favor de mis hermanos. Concepción Cabrera de Armida. 39.- Oración íntima al Espíritu Santo Espíritu Santo, te consagro mi cuerpo con sus sentidos y te suplico que me hagas emplearlos siempre en el bien. Concepción Cabrera de Armida. 40.- Fórmula ante la imagen de María
Concepción Cabrera de Armida. |
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